Qué hacer ante una rabieta infantil: mi experiencia como madre y psicóloga
Ana Díaz Berbel comparte su experiencia ante una rabieta infantil y reflexiona sobre cómo acompañar a los niños en momentos de desbordamiento emocional.

¡Qué berrinche cogió! No paraba de pedirme que le cogiera en brazos y todo el mundo nos miraba.
¡Qué vergüenza! Y yo, la gran psicóloga, sin saber qué hacer… porque todo el mundo me miraba.
Si lo cogía, pensarían que lo mimo. Si lo dejaba llorar… ¡madre mía, qué número! No paraba de llorar y pegarme. Sí, no paraba de pegarme.
¿Qué hacer?
Ojalá hubiera estado mi madre. Ella sí tiene mano con los niños. Yo permanecía bloqueada.
Recordé entonces lo que les digo a las madres que vienen a mi consulta y decidí ponerlo en práctica.
Cuando una rabieta nos desborda a todos
Un niño en pleno berrinche puede tener muchas dificultades para recuperar la calma por sí solo. Y para los adultos tampoco es sencillo, especialmente cuando estamos en un lugar público y sentimos que todo el mundo nos está mirando.
En aquellos momentos comprendí que lo importante no era lo que pudieran pensar los demás, sino cómo podía acompañar a mi hijo.
Necesitaba mantener la calma, estar cerca de él y transmitirle seguridad.
Cómo acompañar a un niño durante una rabieta
En situaciones de desbordamiento emocional, los niños pueden necesitar que un adulto les ayude a recuperar poco a poco la tranquilidad.
Intenté hablarle con firmeza y serenidad, hacerle sentir que estaba a su lado y transmitirle que podía superar aquel momento.
No se trataba simplemente de conseguir que dejara de llorar. Se trataba de acompañarle mientras le costaba gestionar lo que estaba sintiendo.
Es quizá uno de los momentos más difíciles para los padres, porque requiere paciencia, autocontrol y mucha energía.
Pero también puede convertirse en una oportunidad para enseñar, con nuestro propio ejemplo, otras formas de afrontar la frustración.
Prestarles nuestra calma cuando todavía no encuentran la suya
En esos momentos, mi hijo estaba tan desbordado que le resultaba difícil escucharme y reaccionar. Yo tenía que ayudarle a recuperar la tranquilidad.
A veces podemos hacerlo hablándoles con calma. Otras veces, estando cerca, respetando su espacio u ofreciéndoles un abrazo si lo aceptan.
Lo importante es acompañarles, mantener los límites necesarios y procurar que estén seguros. No todos los niños necesitan lo mismo ni todas las rabietas se desarrollan de la misma manera.
Después, cuando todo pasa, también podemos reflexionar sobre lo ocurrido y pensar qué podría ayudarnos en una situación parecida.
Y entonces llega otro momento importante: el descanso de los padres. Porque acompañar emocionalmente a un niño también puede dejarnos agotados.
Lo que aprendí de aquella experiencia
¡Y funcionó!
Es verdad que seguramente me miraron y pensaron muchas cosas. Pero yo dejé de mirar a los demás.
Estuve pendiente de mi hijo, le acompañé durante aquel momento y, finalmente, pude abrazarlo y nos fuimos.
¡Fue mágico! Me sentí muy fuerte.
Y ya no me importó lo que pudiera pensar nadie. Solo estábamos él y yo, agotados y triunfantes. ¡Bien!
Las rabietas forman parte del desarrollo infantil, pero cuando son muy intensas, frecuentes o afectan de forma importante a la vida familiar, puede ser útil buscar orientación profesional.
Si tienes dudas sobre cómo acompañar a tu hijo, puedes conocer más sobre mi servicio de asesoramiento a padres.
